Lagunas, palmares, humedales y 180 kilómetros de costa sobre el Océano Atlántico hacen de Rocha un paraíso para los amantes de la naturaleza en su estado más puro. El departamento más oriental del Uruguay es una de las mayores reservas ecológicas de la región, un espacio para recorrer con los cinco sentidos alerta.
La Paloma, La Pedrera, Cabo Polonio, Valizas y Punta del Diablo son las perlas más preciadas del collar de balnearios oceánicos. La vista no da crédito a la belleza de estos pueblos de pescadores, donde parece que el tiempo se detuvo y constatarlo es un placer.
Aquí el mar lo da todo: el azul profundo de sus aguas salinas, la aventura de correr olas perfectas, el deleite de saborear frutos frescos y diversos, el rumor de la espuma que ambienta las caminatas bajo las estrellas. Paralela a la costa, una vasta planicie de lagunas, bañados y esteros, concentra la mayor reserva de aves del Uruguay.
Flamencos, cisnes de cuello negro, garzas y patos se encuentran entre más de 450 especies avistables dentro de una generosa flora autóctona.
En su calidad de ciudad portuaria, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, Colonia del Sacramento recibió miles de inmigrantes europeos expulsados por la crisis conómica en el viejo continente. Suizos, italianos, polacos, españoles, franceses y alemanes formaron sus pequeñas comunidades en la zona y, aunque supieron adaptarse a las tradiciones locales, jamás perdieron las propias.
Nueva Helvecia, Colonia Valdense y Colonia Piamontesa, por ejemplo, son ciudades fundadas por inmigrantes y tienen una extraordinaria influencia en la cultura local. Desde la gastronomía (son famosos los quesos suizos artesanales) y las construcciones, hasta las fiestas típicas y la fisonomía de sus habitantes. La inmigración alemana legó a Colonia una bodega declarada en el año 2004 Patrimonio Histórico de la Nación.
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